Lucas 4, 1-13 nos habla de cómo Jesús después de ser bautizado fue al desierto conducido por el Espíritu Santo donde el diablo lo estuvo tentando durante 40 días.

Hay una diferencia entre prueba y tentación.

Las pruebas son circunstancias permitidas por Dios y favorecen el crecimiento espiritual. La prueba principal es la aridez, que consiste en vivir en el desierto espiritual y te enseña a depender de Dios.

La tentación, sin embargo, es obra del demonio. Su objetivo es provocar la ruptura de la relación entre el hombre con Dios. Entra como un pensamiento o sensibilidad, lenta y progresivamente, que deteriora el diálogo con Dios.

Justo ahora estamos viviendo un tiempo de desierto, nuestra rutina ha parado, costumbres, seguridades. Es una oportunidad para salir fortalecidos en la fe y espiritualmente. Es tiempo de aprender a depender de Dios en todos los sentidos. A confiar en Él.

Además, en nuestras pruebas, podemos ser tentados por el demonio, de muchas maneras, también por las principales por las que fue tentado Jesús.

En nuestras necesidades básicas, «qué va a ser de mi trabajo», «mis ingresos», «mi estabilidad»… podemos dudar de si Dios estará con nosotros.

En nuestras seguridades o necesidad de poder, pensar tener siempre la razón (aunque no lo reconozcamos), querer realizar siempre nuestra voluntad, pensar que todo depende de nosotros…

O incluso tentados en nuestra propia identidad como hijos de Dios: dudar del amor de Dios para tu vida. Dudar de que Dios te ama incondicionalmente.

Pero, podemos superar las pruebas y las tentaciones. Podemos aprender de cómo las superó Jesús. El fue al desierto lleno del Espíritu Santo y allí pudo superar las tentaciones del enemigo con la palabra de Dios. Sólo mediante la oración y la confianza plena en Jesús seremos capaces de superar las pruebas y luchar contra las tentaciones.

¡Adelante!