Nadie se lo había pedido, nadie pidió a Jesús entregar su vida por cada uno de nosotros, por dar su vida por mí y por ti, pero quiso hacerlo.

Lo hizo porque te ama profundamente, porque te ama personalmente, porque ve lo maravilloso que hay en ti y quiso conquistar la victoria sobre la muerte y el pecado, pasando Él primero por ello.

Lo único que queda de nuestra parte es decir, gracias Jesús.

Gracias por haber muerto por mí.