La luz verdadera

El comienzo del evangelio de Juan inicia con unos maravillosos versículos llenos de profundidad. Dice que en el principio existía la Palabra, que todo se hizo por ella y que en ella estaba la vida, que era la luz de los hombres. Esta luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron. Y es que la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros: Jesucristo es la Palabra.

Estos mismos versículos son hoy eficaces y actuales. Jesús lleno de gracia y de verdad es la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Y puede iluminar porque las tinieblas no le vencieron. Más bien Él venció a la muerte a través de la cruz. Su Palabra sigue teniendo poder en la tiniebla actual de este mundo, en la tiniebla de nuestras vidas: nuestras dudas, fracasos, dolores…

Jesús puede iluminar porque Él es luz y puede darnos luz en aquellas circunstancias que no sepamos cómo actuar. Puede de nuestros fracasos mostrarnos enseñanza, hacernos crecer, ser más fuertes. Puede dar consuelo en circunstancias de dolor, puede en nuestro dolor darnos paz, fortaleza, sentido.

Sólo hay que reconocerla como piedra angular. Es posible que muchos quieran construir sus vidas no teniéndole en cuenta. Como dice el Salmo 118 en su versículo 22: la piedra que rechazaron los arquitectos es ahora la piedra angular. Es posible construir nuestras vidas sin Jesús, pero sin Él toda construcción tiene el peligro de caer porque Él es la piedra que sostiene todo, que da sentido a la vida.

Da permiso a Jesús para que sea la piedra angular en tu vida. Cuenta con Él.

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Solucionando problemas

El milagro de los panes y los peces es un conocido pasaje bíblico que tiene mucho que decir hoy en día.

En este pasaje, los discípulos, hombres como nosotros tenían un problema: cómo dar de comer a 5000 hombres. Digo que tenían un problema porque ellos viendo la circunstancia intentaron resolver la situación mandando a cada uno que se buscaran comida en la zona. Sin embargo, Jesús tenía otra visión, ya que les dijo: «Dadles vosotros de comer».

Los discípulos, ante esta circunstancia que era un problema, pretendían resolverlo al estilo rápido: ignorar el problema o que éste se «resuelva solo». Pero, hay sólo una manera para resolver los problemas y es… enfrentar el problema. Saber que tenemos que hacerlo nosotros: dadles vosotros de comer. No le toca a otro resolverlo porque la circunstancia nos afecta y tenemos que resolverla.

Por supuesto, no estamos solos para resolverlo: contamos con la fuerza de Dios y su sabiduría para hacerle frente. Quiere decir, que contamos con Dios para resolver las circunstancias que tenemos que enfrentar. NO ESTAMOS SOLOS.

Sin embargo, para que se resuelva el problema con la ayuda de Dios, no podemos olvidar una pista que nos ofrece la Palabra en Lucas 9, 1-27. Jesús les da unas indicaciones a los discípulos que ellos siguieron. La gran obra se hizo a través de Jesús, con la colaboración de los discípulos que siguieron las instrucciones de Jesús a pesar de lo aparentemente imposible.

Podemos resolver nuestros problemas con la ayuda de Dios y nuestra colaboración. No se resuelven solos, necesitan de nuestra acción, de tomar parte en ellos, sabiendo que no estamos solos, sino que Dios está con nosotros.

Ten fe.

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Llamados a ser libres

En el capítulo 8 de Lucas se narra una llamativa historia sobre un hombre poseído que vivía entre los sepulcros. Es posible que hoy en día no sean comunes este tipo de circunstancias, pero sí es más común sentirse como podría sentirse este hombre. Vivir sin ser dueño de la propia vida ni de las propias decisiones, empujado, quizás, por otro tipo de demonios interiores: heridas, frustraciones, fragilidades, enfermedad, situaciones económicas adversas… circunstancias que nos hacen estar «poseídos» por ellas sometiendo nuestra voluntad y deseos.

De una u otra forma es posible que podamos vivir de esta manera en algún momento de nuestra vida.

Sin embargo, somos hijos de Dios, llamados a vivir en libertad y dignidad. A ser dueños de nuestras propias vidas, porque así nos ha hecho Dios: libres. Así nos quiere Jesús: libres. Él ha comprado nuestra libertad con su sangre. Ha pagado un alto precio.

Cuando Jesús liberó a este hombre hizo un gesto curioso: pregunta al demonio su nombre. Una vez identificado (que son muchos, por eso se llama Legión), lo expulsa de esta persona llamándolo por su nombre.

Jesús nos muestra cómo actuar para poder tomar el control de nuestras vidas en su nombre. Identifica el nombre de lo que te somete, de lo que te quita la libertad y pídele a Jesús que actúe en tu vida, que se haga presente, que te dé luz de cómo actuar, que te dé fuerza, sabiduría. Es posible ser libres. Estamos llamados a ser libres. La verdadera libertad que recibimos los hijos de Dios.

Atrévete a conquistarla.

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