Ven Espíritu Santo

Ayer celebramos el día de Pentecostés. En Hechos 2 se narra el hecho de esa primera iglesia reunida el día de Pentecostés. Estaban reunidos en un mismo lugar por miedo, cuando se hizo presente el Espíritu Santo. Una fuerte ráfaga de viento que llenó toda la casa y en ese mismo momento comenzó una transformación que se narra en todo el capítulo. El Espíritu Santo llenó de vida toda la casa. Todos los allí presentes comenzaron a hablar en la lengua que el Espíritu Santo les concedía expresarse y a pesar de las diferentes lenguas todos ellos se entendían entre sí.

En el Antiguo Testamento se narra otro hecho protagonizado por el Espíritu Santo. En el libro de Ezequiel en el capítulo 37, narra cómo Dios presenta a Ezequiel un valle lleno de huesos secos. Los huesos eran muy numerosos y estaban completamente secos. Dios le hace una curiosa pregunta: «Hijo de hombre, «podrán vivir estos huesos?». Ante la respuesta de Ezequiel, Dios le sigue hablando: «Yo mismo infundiré espíritu sobre vosotros y viviréis.» Y sigue narrando cómo maravillosamente lo hace, poniéndoles tendones, carne, piel, infundiendo su espíritu y haciéndoles revivir.

Así es el Espíritu Santo, Espíritu de vida, de hacer revivir lo que está muerto, lo que parece que no puede volver a la vida, de infundir fuerza, paz, sabiduría… Dios que sopla a su pueblo para que tenga vida y vida en abundancia.

Así es el Espíritu Santo. Dios mismo que si le das permiso y le pides que entre en tu vida puede hacer volver a la vida lo que hay en tu corazón que consideras que no tiene solución. Pero tienes que dejar, como en Pentecostés, que el Espíritu Santo entre como un viento fuerte en tu casa, que es tu corazón, tu vida y lo impregne todo. El Espíritu Santo es una Persona a la que te puedes dirigir, a la que puedes pedir que se haga presente en tu vida. Y como cualquier persona, a la que necesitas tiempo para relacionarte para conocer y conocer cómo actúa.

Invita hoy a que el Espíritu Santo entre en tu casa, a tu vida

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