«Levántate y ponte ahí­ en medio» Mc 3, 3

Los Evangelios están llenos de milagros y sanaciones obrados por Jesús, pero no todos son iguales. Cada uno, más particular que el otro, quiere mostrar algo importante, algo diferente.

En esta ocasión, Jesús estaba predicando en una sinagoga y dice la Palabra que habí­a allá­ un hombre con la mano paralizada. Esto no tiene nada de particular porque allá­ donde estaba Jesús habí­a siempre multitud de personas no sólo para escucharle, sino también para ser sanados.

Sin embargo, esta ocasión fue particular el modo en cómo lo hizo. Ya en la Palabra se descubre que querí­a mostrar algo a los fariseos, pero también quiere decirte algo a ti hoy: Jesús te pone en el centro.

Para aquel hombre, seguramente, no era fácil vivir con una mano paralizada. En aquella época esto suponí­a que era fruto de haber hecho algo mal, de algún pecado. No podrí­a hacer una vida normal, tampoco trabajar, seguramente se mantení­a de la caridad de otros. Toda esta circunstancia le invitaba a no ser el centro de atención y, aún así­, Jesús le dice «Levántate y ponte ahí­ en medio».

Jesús quiere decir que esta persona es importante, que Aquel es la solución en su situación. Aquel puede restaurar su persona, TODA SU PERSONA. No solo su cuerpo, sino sus emociones, sus pensamientos. Jesús podí­a actuar en la parálisis de su vida. Jesús puede dar vida en la parálisis de tu vida.

Allí­ donde tú no puedes hacer nada porque ya lo has intentado todo, Jesús puede restaurar.

Levántate, ponte en medio y pide ayuda a Jesús.